De la Pascua a Pentecostés

Ya pasada la Pascua, los católicos de todo el mundo se preparan para el Pentecostés, que conmemora el descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús (Hechos 2, 1-4). En Jerusalén, la fiesta se celebra en la Hagia María en Sión o Abadía de la Dormición, en el Monte Sión. Su singular techo cónico azul, sus cuatro torres ornamentadas y la torre del reloj, que se distingue en el paisaje, la convierten en una joya arquitectónica. La basílica es una iglesia benedictina alemana, cuya construcción finalizó en 1910 y que fue erigida sobre las ruinas de una iglesia bizantina, la basílica de Hagia Sión (Santa Sión) y de una iglesia de los cruzados del siglo XII, Santa María en el Monte Sión.

Junto a la iglesia se encuentra la Sala Superior, el Cenáculo, donde Jesús celebró la Última Cena. El nombre anterior de la iglesia, Abadía de la Dormición, conmemora el sitio en el que según la tradición, la Bienaventurada Virgen María cayó en su «sueño eterno».

El Patriarca Latino, Monseñor Fouad Twal celebra la Misa Mayor de Pentecostés en la Abadía de la Dormición. Los franciscanos celebran la Misa Solemne con el Reverendo Padre Pierbattista Pizzaballa, OFM, en la iglesia de San Salvador. La Misa es seguida de una procesión, de la iglesia de San Salvador al Cenáculo, donde se celebran solemnes oficios religiosos vespertinos.

La amplia celebración de la Misa refleja la incesante e intensa plegaria de la comunidad cristiana imitando a los Apóstoles, unidos en la oración a la Madre de Jesús. Su Santidad Juan Pablo II describió una vez el misterio de Pentecostés como «una señal continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia y despierta fe, esperanza y caridad en los corazones de los fieles».