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Shivta: la ciudad del desierto en la ruta del incienso

Los cuatro pueblos nabateos de Haluza, Mamshit, Avdat y Shivta, junto con las fortalezas y parajes agrícolas del desierto del Negev, están diseminados a lo largo de rutas que los conectan con el Mediterráneo, fin de la ruta del incienso y especias. Juntos, son un reflejo del comercio altamente rentable de incienso y mirra desde el sur de Arabia hasta el Mediterráneo, que floreció desde el siglo III a. C. hasta el siglo II d. C. Los vestigios de sus sofisticados sistemas de irrigación, construcciones urbanas, fuertes y caravasares, son testigos de la forma en que el duro desierto fue colonizado para el comercio y la agricultura.

Las impresionantes ruinas de Shivta en el desierto del Negev datan de los periodos nabateo, romano y bizantino. Shivta (Sobota) es uno de los asentamientos nabateos más grandes del Negev, y el lugar es patrimonio mundial UNESCO. Aquí, en medio del seco desierto, los antiguos constructores de la ciudad transformaron el desierto en un oasis. Aunque está ubicado en un lugar remoto, lejos de las famosas atracciones turísticas de la Tierra Santa, es una ciudad especial, notable y bien preservada. Esta joya en el desierto merece especialmente hacer un desvío, y se recomienda mucho para poder observar los asombrosos logros de sus colonos.

Las ruinas de Shivta están ubicadas a 43 km al suroeste de la ciudad de Be’er Sheva, en la sección media del desierto del Negev, a una altura de 340 m sobre el nivel del mar. El área de los alrededores está atravesada por muchos lechos de ríos secos (wadis) que fluyen al Nahal Lavan, el cual fluye hacia el oeste a Wadi el Arish.

Este sitio se convirtió en patrimonio mundial UNESCO en 2005, y está incluido con los pueblos nabateos de Haluza, Mamshit y Avdat, junto con la ruta del incienso, su fortaleza asociada y los parajes agrícolas del desierto del Negev. Hoy en día es un parque nacional bien preservado, y aunque está ubicado en un lugar remoto, recomendamos mucho visitarlo para admirar cómo los antiguos convirtieron el desierto en un oasis.