En la tradición católica, el 8 de septiembre se conoce como el cumpleaños de la Beata Virgen María. Aunque los Evangelios canónicos guardan silencio acerca de sus orígenes, gracias al Protoevangelio de Santiago del siglo II sabemos de sus padres Joaquín y Ana, de su nacimiento y de su infancia. La tradición cristiana primitiva sitúa la casa de Joaquín y Ana junto a un estanque doble, que era un centro de curación muy frecuentado: el estanque de Betesda, del que sabemos gracias al Evangelio de Juan:
«Y hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, un estanque que en hebreo se llama Betesda y que tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos». (Juan 5:2-3)
Ahí es donde Jesús curó a un paralítico. La doble importancia del sitio como lugar de nacimiento de María y como el lugar de un milagro pronto lo convirtió en un importante santuario cristiano. Los bizantinos erigieron sobre los estanques una gran basílica, Santa María en la Probática, dañada por las invasiones persas en el año 614, que fue reedificada y posteriormente destruida por los árabes alrededor de 1010. Los cruzados erigieron sobre las ruinas un pequeño monasterio y, en 1030, también construyeron la basílica actual, una gran iglesia románica dedicada a Santa Ana, sobre las grutas donde se conservaba el recuerdo del lugar de nacimiento de la Virgen.
Al finalizar el periodo de los cruzados, Santa Ana se convirtió en una escuela de derecho islámico y cayó en abandono bajo el imperio otomano. En 1856, los otomanos ofrecieron la basílica a Francia, que la confió a los Misioneros de África o Padres Blancos, que hasta el día de hoy acogen allí peregrinos.
La Iglesia de Santa Ana está situada al comienzo de la Vía Dolorosa en el barrio musulmán, justo tras la Puerta de los Leones, en la entrada oriental de la Ciudad Vieja. El complejo es un oasis de paz en medio del bullicio y del ajetreo de los mercados árabes. La basílica es famosa por su acústica extraordinaria y se insta a los peregrinos a cantar sus himnos de alabanza a Dios antes de descender a la cripta dedicada al nacimiento de María. El complejo masivo de estanques y ruinas de las iglesias de los bizantinos y los cruzados aún se conserva en buen estado. Los visitantes pueden descender a la piscina profunda donde aún queda agua, como recuerdo y quizá como invitación a todos los que aún buscan cura en este lugar tan importante para la historia de la salvación.